sábado, 12 de diciembre de 2009

Los ángeles de mi huerto


Este verano se nos fue Miguel, un octogenario que hacía posible que en nuestro huerto creciesen los tomates y las verduras como las flores de un armonioso jardín: ordenados cromáticamente, luminosos, saludables, preciosos, deliciosos. Era un gran narrador de historias del realismo mágico gallego que, además de cuidar nuestro huerto, regaba las neuronas de nuestro edén onírico. Para él y para nuestro nuevo asesor de huertas y narrador de sueños va esta entrada.

Se conocían, se querían y discutían sobre el bien y el mal de la agricultura ecológica, Miguel nunca dejó de practicarla, y a pesar de que Ángel lo fumiga todo, un día, (no había pasado ni una semana de la muerte de Miguel) apareció por casa para cuidar su huerto, el de Miguel, no el nuestro, y a la manera de Miguel, no a la suya, lo que nos dijo mucho del amor y respeto que siente por sus amigos.

- ¡Ay, tengo que venir por aquí porque no soporto la penita de que no sepáis cuidarle la huerta a mi amigo!

Esa tarde, mientras seguía sus pasos y hacía lo que el me decía, y él no paraba de hablar, sin apenas respirar y con los ademanes de una vieja de setenta años, comprendí que nuestro huerto se había convertido en refugio para seres solitarios con tantas ganas de compañía y respeto, como de ocuparse de lo que los demás no saben, o no pueden, y de nuevo entregué, con gran placer y admiración, nuestro huerto a otro ser mágico

- Hay que limpiar alrededor de cada pie. Hay que arrancar esas hierbas y capar estos tomates. Trae la regadera, que me dijo Miguel que ese bidón está lleno de ortigas y pieles de ajo y vamos a fumigar esas judías que él iba a hacerlo esta semana y que no quiero que Miguel se nos revuelva en el nicho por una tontería de estas. De revolverse que lo haga porque su nieto se enamora de mí, su nieto o lobezno, que me da igual, que yo lo que necesito es alguien que me quiera y me comprenda – Me dijo de un solo tirón, hasta tomar otra bocanada de aire, justo antes de continuar con más instrucciones y pensamientos en alto.

De pronto, como invadido por la melancolía de la pérdida de aquel viejo amigo, siguió hablando conmigo como si lo hiciese con el muerto.
¡Ay Miguel, nunca se es viejo para morir mientras se pueda seguir cavando la huerta!
Te fuiste y ahora a ver a quien le suelto yo mis rollos patateros, nunca mejor dicho…

Yo no podía parar de mirar aquel muchacho de treinta y tres años, de melenas de paja y ojos de río azul, hablando y moviéndose como lo hacía su abuela. Una fotocopia de aquella vieja que hace años me abrió la puerta de su casa en uno de mis trabajos, y que me facilitó, de modo casi milagroso, que se abrieran las puertas de todas las otras reacias viejas que tenía que entrevistar sobre carencias sociales.

- “Mi madre no murió de amor de milagro, ¡De- mi-la-gro! Mira bien lo que te digo: ¡De- mi-la-gro! ( yo no sabía si ahora hablaba conmigo o seguía hablando con Miguel)
Mi padre era guapísimo, un tipazo, mi hermana Pilar y yo salimos a mi madre. Los otros cuatro salieron a mi padre.
Tan guapo y tan buen tipo y sabe dios lo qué…que mi madre chifló…
Es que aquello no era amor…aquello era una enfermedad, no tiene otro nombre más que ¡locura, auténtica locura!”

Así comenzó la primera narración de Ángel, un agricultor tan expresivo como sorprendente, pero hoy no voy a seguir con ella. Dejaré sus palabras para la siguiente entrada, palabras que escribí nada más entrar en casa, tras esa primera tarde de agosto con él. Hoy voy a seguir contando por qué para mí es tan sorprendente el hombre que ha decidido que mi huerto siga hermoso y productivo como lo dejó Miguel.




Para mí es totalmente sorprendente por haber estudiado magisterio y haber abandonado la profesión por aburrirse de padres y compañeros, no de los niños;
Sorprendente porque a los dieciocho años ya había conseguido ahorrar dos millones de las antiguas pesetas, arrastrando, desde los trece, cajas en la lonja de cuatro de la mañana a cuatro de la tarde, sin faltar ni un sólo día, para poder conseguir el dinero con el que irse a Santiago a estudiar… magisterio.
Por elegir mujeres de más de sesenta años como sus mejores amigas.
Por ser un chico rubio de ojos azules de treinta y tres años y hablar exactamente igual, y de las mismas cosas, que su abuela de ochenta.
Sorprendente por pasarse las tardes de invierno bordando manteles de hilo y las de veranos embotando conservas, mientras repasa con su madre la vida y afectos de cada uno de sus hermanos.
Por pasar los primeros domingos de cada mes de ayudante de una dentista, tan extraña y sorprendente como él, que arregla bocas gratis a los chabolistas que viven en el monte y a todos los inmigrantes sin papeles que se enteran que ella existe.
Por cuidar de un hermano que se volvió hermana en la adolescencia, que triunfó en los escenarios y al que lleva manteniendo desde que en Madrid cogió el Sida y perdió sus relaciones y su vida.
Sorprendente por llevar criados dos sobrinos desde que nacieron hasta que empezaron a ir a la escuela y haber cuidado hasta la muerte a una abuela y cuatro tías. “Di que hubo poco que cuidar, sólo hacerles compañía, que eran fuertes como yeguas, fuertes, guapas y altivas”
Por tener como mayor heroína a su abuela y por guardarle luto riguroso durante dos años.
Por no querer comulgar al sentir que no lo merece, dadas sus apetencias afectivosexuales, penadas por la santísima madre iglesia católica y apostólica, que él tanto respeta, y a la vez aconsejar a la residente más mística de la residencia de ancianos en la que trabaja: “¡Qué más sexo y menos amor mujeriña, que el amor sólo, sin sexo, es una tristeza!”
Sorprendente por ser el sol que más alumbra las habitaciones de los ancianos de la segunda planta de la Residencia de monjas, de un pueblo en la Ría de Vigo.
Por todo lo que siente y hace por la gente: Lava, peina, ayuda a comer, hace manicuras, da mimos y se tumba en la cama de los insomnes para acariciarles y contarles historias que necesitan escuchar:
- ¡Ay Doriña, la vida a veces es muy cruel pero otras veces es de risa! ¿Te acuerdas cuando volvió tu marido de comprar tabaco después de quince años ausente? Yo sí, yo era un niño y me acuerdo como si fuera hoy. ¿Y la cara que le echó? Mira que contarle a la guardia civil que alguien le había cambiado la puerta de casa y pedirles que le ayudasen a entrar aprovechando las horas en que enlatabas xoubiñas y mejillones…
¡Quince años tú ahí soliña criando hijos y sin rastro del borceguí ese, que ni llegaba a bota, y luego el muy cabronazo: “Señor guadia, señor guardia ayúdeme, que me cambiaron la puerta mientras salí ahí a comprar tabaco.” Lo gracioso es que el tío no mentía, solo omitía, ¡qué cabrona es la verdad y que puta la mentira!
No sé como tuviste valor para aguantarlo, o sí, cómo no he de saber, si de estas historias … ¿quién no tiene una en su propia casa? Mira mi madre si no…
Y tú allí plantada, diciéndole al cabo Lamas que no conocías de nada a ese señor y mandando callar las bocas y gestos de las vecinas. Y bien que callaron, que nadie reconoció a aquel tarado durante tres días.
¡Ay qué vidas más intensas y más duras, Doriña, pero qué risa! Para nosotros, los niños, fue una fiesta todo aquello ¿Te acuerdas que tiesa eras? Porque guapa aún lo sigues siendo, que quien tuvo retuvo, y eso del genio y la figura es más cierto que la virginidad de la propia virgen… y ¿sabes que te digo? qué viva la santa que te parió con los ovarios tan en su sitio. Pedazo mujer fuiste y serás por siempre, Doriña.
Anda duerme, que mañana no va a ver quien te levante, y si quieres que te deje lavada antes de irme ya sabes que tienes que estar despierta a las siete.

Sorprendente por ser tan joven, tan distinto, con los poros y el corazón abiertos a tantas historias y seguir llevando tantas sonrisas y amor dentro.

Un beso agradecido para todos los que echasteis de menos las historias de mi gente.
Espero seguir teniendo tiempo para lo bueno de verdad.

23 comentarios:

Elvira dijo...

Maravilloso. Aplausos, Chusa. ¿Así que nos has hecho esperar para que disfrutáramos más de tu vuelta al ruedo? Lo volveré a leer dentro de un rato. Besos

Juan dijo...

Muy bello Chusa. Sabes mirar con el alma.

Un abrazo

Sra de Zafón dijo...

Muchas gracias, Elvira, pero te aseguro que en esta entrada poco mñas mérito tengo que el de haceros llegar esta historia.
Besos

Sra de Zafón dijo...

Muchas gracias,Juan, eso intento y que tú te des cuenta es un honor para mí.

Katha dijo...

Buenas tardes ELvira,

Me alegro de verte de nuevo por aquí. Ya sabes que te echábamos mucho de menos.

No sé cómo encuentars en tu camino esa gente tan extraordinaria, tan "original", en el sentido de únicos, tan distinta a los que suele rodearnos. Supongo que encuentran algo especiale n ti, algo que les hace confiarte sus historias, trocitos de su vida.

Un beso.

PD: Por cierot, eres mala. Nos haces la boca agua imaginando tus tomates, tomates de verdad, mientras nosotros tenemosq eu conformarnos con los de invernadero. Que será muy perfectos, pero ni saben, ni huelen a tomate ni na de na.
:-( ;-)

CHAO

Aquí me quedaré... dijo...

¡¡ Por fin !! Ya puedo deleitarme de nuevo.
Es una historia hermosa. Me encantaría poder seguirla cuando la quieras seguir...

Aunque de fondo veo que Miguel está viviendo la vida de los otros.
Espero que en lo próximo que narres, no sea así y Miguel tiene su propia vida

Besos

Sra de Zafón dijo...

Qué bueno, Katha, que me fundas, o con-fundas con Elvira, jajajajaja.

Creo que en cualquier lugar donde las personas se cuenten la vida real, sin los miedos a quedar bien o mal, se encuentra originalidad. Todos somos originales, sólo que algunos además son sorprendentes y me hacen rumiar mucho más. Este chico en concreto me tiene fascinada.

Sra de Zafón dijo...

Qué ilusión tener a Aquí por aquí :-) Tu comentario en el blog de Elvira me ha animado a volver a narrar por este medio.

Ángel es nuestro conseglieri hortícola, Miguel es el muerto, pero he entendido perfectamente tu comentario.
Es muy curiosa tu observación, yo no veo que viva la vida de los otros, si no la que él va eligiendo desde la "libertad" que le permite su cultura, sus creencias, y el apego incondional a su familia, pero sí le digo que desde fuera parece que esté poseído por el espíritu de su abuela. Él se ríe y dice que ojalá. Su abuela fue el mayor pilar de su infancia, la heroína que los rescató ...
Seguiré la historia por dónde él la empezó aquella primera tarde de agosto, pero como es toda real me temo que no consiga poder contaros lo que a mí me gustaría contar: que es libre de verdad.

Aquí me quedaré... dijo...

Pues estaré encantada de leerla.

Me he confundido con el nombre, lo siento.

Un abrazo

Katha dijo...

Hola Chusa,

Ya no sé dónde tengo la cabeza. No se puede ir siempre acelerada. Conste que sabía perfectamente donde estaba.

A mí lo que me da pena es que después del esfuerzo, el trabajo que le costó conseguir el dinero para estudiar magisterio, al final lo dejara.
Sobre los padres de los niños... ¡Ay! Si es que podemos ser muuuy pesaados. Yo la primera. Ahí entono el mea culpa.

Besos y buenas noches.

Sra de Zafón dijo...

Hola Katha, ya sé que sabías de sobra sonde estabas, por eso me ha resultado tan graciosa la "fusión" :-)
Sí, yo pensé lo mismo que tú, pero tenías que verle la cara de felicidad cuando habla de "sus viejos", la única pena que siente es la del absurdo mental de mucha gente. Te explico: este chico se expresa exactamente igual que una abuela cariñosa. Abraza, besa, peina, coloca la ropa, pero es un chico, con lo que las mentes retorcidas lo ponían bajo la más terrible de las sosprechas. Yo no puedo imaginarme relacionándome con niños de infantil sin poder tocarlos porque se me considere sospechoso, por el simple hecho de ser un hombre dulce y con maneras de abuela. Eso es lo que le pasó a Miguel en su colegio. Estuvo allí cinco años sintiéndose vigilado e incluso acosado. Él habla de lo feliz que es con los viejos con los que trabaja, la mayoría le conocen desde niño,también conoc
ían a su abuela, y toda su afectividad la reciben como un regalo, los niños también lo hacian, pero sus padres y compañeros no.
De cualquier modo este chico donde más feliz es (pasa todas sus horas libres allí) en los huertos que cuida.

Besos, Katha!

Lenka dijo...

Qué cosa más triste de mundo cuando alguien no puede ser dulce y permitirse acariciar sólo porque es un hombre. Qué mal lo estamos haciendo aún cuando la ternura en un hombre nos resulta sospechosa. Qué asquito más grande cuando la dulzura nos parece turbia y siniestra. Y qué pena de sexismos, etiquetas y prejuicios, capaces de truncar una vocación por confundir la bondad con perversión. Rechacemos a un buen hombre, un buen maestro. Pongamos en su lugar a otro, quizá más aséptico, menos dado al abrazo, con vocación o sin ella. No sea que. Que no parezca. Que nadie piense.

Lo peor de todo es que habrá quien sostenga que la orientación de este chico es la pieza que faltaba. Ya sabes. Un plus. Ves? Invertido, además. Y abraza a los niños. Uy, uy, uy. Lo uno con lo otro. Horror y espanto. Es más, habrá quien opine que una cosa es consecuencia de otra. Los hombres de verdad, los protomachos, ni besan ni son tiernos ni falta que les hace. Eso es cosa de mujeres. Qué mal lo hacemos, Zafo, que rancios y sucios somos. Todavía.

Me ha encantado conocer a Miguel (espero que nos cuentes más) y a Ángel. Qué extraordinaria persona, qué magnífico hombre debe ser. Te diría que se merece toneladas de cosas buenas, pero queda claro que ya las lleva con él. Así que, seguramente, siempre será capaz de encontrarlas, dentro de sí y en cuanto le rodea. Qué gozada conocer personas así. Qué suerte saber mirarlas.

En fin, encantada de leerte de nuevo (ha merecido la pena extrañarte tanto tiempo). Montañas de besos para ti, para Miguel (desde donde quiera que nos mire) y para Ángel. Y que siga retoñando ese huerto y las historias que en torno a él se tejen.

Sra de Zafón dijo...

Las palabras rancio y sucio, que tú empleas, Lenka, definen muy bien toda la porquería alojada en las mentes de toda esta gente.
Es muy triste que por ser dulce y con maneras expresivas de mujer seas sospechoso de pederasta, muy triste. Además, cuando estadíticamente está comprobado que los pedarastas no se muestran ni amanerados ni muy cariñosos y por eso pasan totalmente desapercibidos.
A esa gente, rancia y sucia, siempre les digo que se anden con ojito, que no hay un perfil de pederastas,y que se han pillao a más curas y entrenadores deportivos con pinta de macho que a hombres con pluma.
Ángel sigue siendo cariñoso y tocón , el se define a sí mismo como un hombre de tacto y contacto. Dice que no contempla la vida sin la libertad de expresarse y que si tiene que irse de un lugar siempre hay otro mejor. Y has dado de pleno porque a donde él llega llega el sol, porque no sólo está lleno de cosas buenas si no que las reparte a diestro y siniestro, te lo aseguro.


Gracias por tus siempre acertadas y hermosas palabras y por las montañas de besos, las repartiré con todos ellos.

Que conste que ya le he dicho a él que cuando venga le enseñaré el blog, y podrá leeros.

Katha dijo...

Hola Chusa,

Para trabajar con niños tienen que gustarte los niños, tienes que tener algo "especial" para trabajar con los chiquitines, además de dosis inmensurables de paciencia.
EN los hombres se ve mal ser tierno. En infantil siempre hay profesoras, yo creo que el simple hecho de ser hombre producía sospecha y si encima besaba a los niños... sumaban y se imaginaban el resto.
La pederastía es de lo peor, es una forma de matar una parte del espíritu de esos niños para siempre.

Hablamos en otro momento. Me quedo sin batería.

Besos

Anónimo dijo...

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Sra de Zafón dijo...

Katha, cuando tengas tiempo y ganas sigue si te apetece.
A mí se me ocurre hablarte sobre tu anterior post en el que me preguntabas cómo encuentro gente tan extraordinaria y original.
Angel es el mismo hombre que para algunos fue un ser siniestro y sospechoso, para otros el único sol que alumbra sus días, y que para mí es un ser humano extraordinariamente dulce y generoso, además de divertido y genial...

Besos Katha

Anónimo dijo...

Preciosa historia, pero eres una cotilla...

Besos de ya sabes quién jejejeejeje

Anónimo dijo...

Me olvidé de decirte que tengo la sensación de estar expuesto al clareo, como hacen mi viejas con la ropa, pero a la vez siento mucho respeto y agradecimiento por tu manera de mirarme. Ya te lo dije más de una vez que en tu casa se respira muy bien. Pero esto no queda así, no, cuando menos lo esperes haré lo propio...

Esta noche un beso, mañana ...ya veré. (risas)

Aquí me quedaré... dijo...

Perdón.
¿Eres él? Si es así, estoy deseando que la señora de Zafón continue con la historia.

Saludos

Sra de Zafón dijo...

Hola, Aquí, me acabo de enterar de la visita de ÉL. Sí es Ángel, que lo único que tiene de falso es el nombre que yo le puse, pero que le queda de maravilla.
La tengo casi escrita porque, como conté, una tarde de este verano según él se fue, aprovechando que estaba sola en casa, entré y lo escribí todo.

En cuanto tenga un ratillo la acicalo un poco y la cuelgo por aquí.

Besos

Sra de Zafón dijo...

Está claro que ser anónimo en este blog no es óbice para que sepamos de ti hasta lo que escondes bajo las faldas (esta frase es tuya, ja,ja,ja,ja)

Me alegra que me leas y te veas a través de alguien que te admira y respeta un montón, además también están los ojos de estos amig@s que sé que sólo tienen sentimientos y palabras bonitas para alguien tan hermoso como tú, por eso te traigo aquí, porque sé que acogen a "mi gente" con todos los honores.

Besos ¿viste las acelgas? ja ja ja ja ja

Aquí me quedaré... dijo...

Hola de nuevo:
Lo del nombre es lo de menos en mi caso.
Si le pones Ángel, Paco o Miguel, le cambio de nombre por olvido y le puedo llamar cualquiera.
Me alegra que lea ÉL por una razón.
Puse en duda si vivía su vida o la de los otros.¿lo recuerdas? Sigo con la duda.
Puedo decirte totalmente en serio que cuando entro a un blog, no lo hago por compromiso,ni halagando porque sí.
Es que me interesa, me gusta y le encuentro algo diferente.
El aplauso fácil nunca lo verás de mi.

Un abrazo a los dos

Sra de Zafón dijo...

Buenos días, Aquí.
Aún no hablé con Él, más que por aquí, (qué bueno, que risa...:-) pero se lo encontró mi marido esta mañana y ya le soltó un "dile que debería hacer una película conmigo de protagonista , porque le sale un personaje maravilloso" y que "menuda memoria tiene que parece una esponja que todo se lo queda y cuando se escurre le sale todo tal cual".
Mi marido me dijo que lo encontró muy contento.

Supongo que esta tarde o mañana se acercará por casa y me dirá algo así como:"¡Eres tremeeeeeeda! menos mal que no pones nombres ni apellidos porque si no cualquiera te cuenta nada" pero sé que le ha alegrado verse contado por mí.

Cuando le conté que había escrito sobre él, dijo: "Ay, me tienes en vilo, ¿qué habrá puesto? -preguntó mirando a mis amigos y haciendo muecas de vieja verdulera - A ver si me conviertes en famoso en internet y yo sin ordenador." Pero luego me dijo que no le preocupaba nada de lo que yo escriba sobre él.

Ahora ya sé que entró a este blog en la residencia donde trabaja, y que dijo que no le había dado tiempo a asimilar todo lo que leyó, y que a ver si puede venir este fin de semana a leerlo y a hablar conmigo, así que imagino que contestará, porque no sabes tú, como le gusta darle a la lengua jajajajajajaa.

Muchos besos, Aquí.