martes, 23 de diciembre de 2008

Lola



La casa de Lola está rodeada por macetas con ciclámenes de todos los colores. Está dentro de una finca llena de viejos frutales de troncos minados por líquenes plata, inmensos magnolios y hermosas camelias de piel suave con muy distintas floraciones. Una buganvilla, convertida en gigantesco árbol, enguirnalda de verde y fucsia la barandilla de piedra de la terraza. Un bosque de pinos y robles duerme su sombra tras la casa albergando escondrijos para conejos, gallinas, perros y niños. Huele a aldea gallega, a niebla desprendiéndose de la hierba gracias al sol de esta mañana de noviembre y a leña húmeda ardiendo en la chimenea.
Me sorprendo ante mi deseo irracional de teletransplantar a mi jardín cada uno de esos árboles con todos los cantos de pájaros que llevan dentro. También me sorprendo admirando lo que el paso de los años consigue sobre una tierra bien cuidada y deseando acabar mis días mirando mi huerto así de viejo.
Estoy allí porque su habitación es el centro neurálgico de la aldea…e incluso del pueblo.

-Hola, soy Chusa.
-Yo soy Lola.
-Un placer, Lola.

Su habitación es un gran salón que antes fue un gran comedor donde celebrar fiestas un par de veces al año. Su cama, que recuerda una cápsula espacial, preside toda la estancia. Está situada de tal modo que puede verlo todo: puertas, ventanas, flores, árboles, jardín, mar, cielo, pantallas… y más pantallas. Tras su cabeza dos puertas de madera muy grandes y muy cerradas.
Lola mueve una palanca y su silla de ruedas camina hacía mi ofreciéndome asiento.

-Si te da “cosa” pedimos otra silla.
- Me da “cosa”, Lola, pero me apetece saber “qué cosa” me da, - le contesto con media sonrisa y embargada de la dulzura que me produce la fragilidad tan desnuda ante la que me encuentro.
- Me gusta recibir sola, no me gusta que estén por aquí mientras conozco gente nueva. Luego no me importa, pero es que ya no soy la que era, ya no puedo estar a tanto a la vez… ¡una lata!

Lola está tumbada sobre un edredón de hierbas y piedras de río fotografiadas. Tiene unas facciones hermosamente pequeñas y una piel envidiable. La musculatura de la cara parece haberse mudado hacia su mirada, ahora intensa, penetrante y sostenida sobre la mía hasta el fin de mi visita. Tiene el pelo largo e increíblemente bien peinado para vivir sobre una cama. Parte de su melena está sujeta en un pequeño moño por encima de la nuca, y la otra la deja precipitarse sobre su cuello en rizados mechones, de modo muy sensual y coqueto. Está vestida con ropa china, blusa y pantalón de color verde con dibujos de ramas de cerezo y hermosos pájaros blancos. Lleva los pies envueltos en una suerte de patucos con almohadillas apoyatalones. Huele a jazmín. Lo distingo a leguas porque es el perfume preferido de una de mis mejores amigas, y este olor me incita a sentirme más cómoda frente a ella. Aún habla perfectamente, pero cuando deja de hacerlo, porque se fatiga un poco, la mandíbula se le abre involuntariamente dándole un aspecto de fragilidad infinita. Ya se baba, lo sé porque la veo limpiarse periódicamente. Aunque apenas sea imperceptible a mis ojos, su saliva queda alojada en las comisuras de sus morados labios y ella, que la siente recordándole lo que le espera, procura quitársela antes de que nadie la vea, y lo hace con la finura de quien desliza la servilleta antes de beber un afrutado vino frente a un rey de Bohemia. Mueve sus brazos con mucha lentitud, y de modo un modo extraño, cómo si hubiese extraviado fotogramas con los que sus espectadores perdiésemos la capacidad de ver el desarrollo del movimiento entero. Su cuello ya apenas sujeta su cabeza, por ello sobre los hombros, y por encima de la ropa, lleva una especie de muletas sujetacabeza, que no alcanza, a mi entender, el rango de collarín “homologado”.

-Hoy estás así y mañana asá. No pierdas nunca esta perspectiva. Es lo único que me atrevo a aconsejar con conocimiento de causa. -Es su primera frase dedicada a mi persona sobre lo que le pasa a su cuerpo.
- Una inocente visita al oculista... ¡maldita la hora! ¡Nunca vayas al médico aunque sea a por unas gafas! -me dice sonriéndome con sus ojos más que con su boca.- Un análisis de sangre, cuatro pruebas de nada y una sentencia mortal.
Pronuncia el nombre despacio, me habla del científico que la padece “cuyos ojos encierran un universo entero” y continúa con el semblante muy serio y con un timbre de voz muy cambiante.
- Una enfermedad que en mí avanza como una loca despiadada. La odio, de verdad, cada vez más. - Y sigue hablándome de “la lata” que le da, mientras enciende un Mac con un teclado tan blanco y tan plano que me recuerda a una tableta de chocolate.

Me ha dicho un amigo que Lola es la persona que más sabe de recursos laborales en ese pueblo. Sé que dirige una empresa de páginas web o algo así, pero poco más.

-¿Qué te interesa saber de esta zona? - Me suelta Lola, mientras descorre las cortinas con su super mando a distancia y un chorro de luz se derrama sobre su cama convirtiendo su piel en auténtico nácar.
- Pues básicamente los sectores que en esta zona generan empleo… -Intento seguir la conversación, todavía alucinada con todo lo que estoy viendo y sintiendo, aunque en realidad mi educación sea la que me impida preguntarle lo que mi curiosidad me indica: si las partes inmovilizadas de su cuerpo... aún sienten.

-Aquí el empleo para la mujer es precario y temporal. - Continúa Lola - A muchas mujeres llevan años contratándolas y despidiéndolas sin adquirir ningún derecho, pero es lo que hay, ya sabes, supongo… conserveras, bodegas, y hostelería, poco más… de momento. -Dice mientras una chiquilla de veintipocos años, con aspecto de japonesa viene a susurrarle que tiene una llamada de Francia.

- Pois aténdea a ti. ¡ Fráncés, érache o que me faltaba!
-Dice en un gallego rápido metralleta que no se como es capaz de pronunciarlo.
- E que vou a atender se non sei francés, Loliña?
-Preguntáches quén é?
-E que voy pregunta se non sei… - insiste la que deduzco será su secretaria
¡Ay que pouco espíritu tés...trae paquí!
¿Aló? “ LLe sui Lola, e vu quén é vu?!
Le explica como puede y con un “em pezón” por el medio estilo Tip y Coll que le llame dentro de media hora porque ahora está reunida con una empleada de la Xunta. Cuelga el teléfono y le pide a la chiquilla que vaya a buscar a la hija de Marisa la raposa, la que vive junto al cruceiro,
- E que estivo en Suiza e parla francés . - Dice a la jovencita mirándome a mí, para continuar hablando conmigo en un tono que no esperaba ni por asomo.

-Estás aquí porque conoces a Victor, si no no te recibiría, que esto no es ningún circo - me suelta saltándose toda la cortesía anterior.- Disculpa mi brusquedad, pero tienes que entender que para el tiempo que me queda sea una exquisita eligiendo con quien compartirlo. Pero Victor es mi amigo y me dijo que lo que yo te cuente puede hacer mucho bien a muchas mujeres, así que allá voy.

Si tienes que elegir cursos sobre reciclaje laboral para mujeres deberías de empezar por traerte a personas capaces de fomentar la creatividad y el cómo sacarle partido. Talleres de creatividad, formación para llevarla acabo y asesoramiento empresarial. Eso deberían ser los Nidos de empresas y por supuesto no estar ligados sólo a la universidad, ni a las asociaciones de empresarios tradicionales ¿que se creen que los recursos sólo viven dentro de los universitarios o de los que ya son empresarios?.
No te va a servir de nada enterarte de que en esta zona la demanda de empleo es esta o la otra. ¡de nada! ¿te crees que eso no lo saben ya las más interesadas…?

Ufff, -dijo mi boca sin pedirme permiso, para todavía eschucharle decir ante mi propio asombro:
- ¿Lola, te importa si me descalzo?

Sentí todas las ganas del mundo de soltar mis ataduras con ella, pues desde hacía un mes, que le había dicho a mi jefa esa última frase de Lola aún sabiendo que le importaría un huevo, siento que hago mi trabajo para disfrute personal, pero que poco podré hacer por el “reciclaje” de mujeres en paro.

-Estás en tu casa, guapa, y como si te pones en pelotas… Aquí, cerca hay una playa nudista a la que voy en verano. ¿Sabes como empecé yo?
- ¿A qué, a desnudarte? - Le pregunté soltando una gran carcajada.
Algo sabía, por eso estaba allí, pero muy poco.

- Serás pendeja... Ya me dijo Victor que me gustarías, que eras de mi misma especie…
y así, con ese piropo, que recibí como el mayor de los halagos, abrió Lola para mi sus puertas.
Las puertas de madera se abrían tras ella cuando me fijé que un carril en el suelo puede liberar su cama de la quietud y trasladarla cuando ella desea a la habitación que nació tras su cabeza.

-Vamos, es que puede que me ponga a llorar… me pasa muchas veces, y yo lloro, lo mismo que pierdo otros líquidos, delante de quien a mí me dé la gana.

Al entar vi una estancia muy cálida, con techos de friso blanco y una gran galería que da al bosque, y un sofá muy acogedor y cómodo en el que me pide que me siente. Ella incorpora su cama mucho más y comienza a contarme:

Me casé a los veinte años, tras abandonar mis estudios de enfermería para poder cuidar a la que aún no era ni mi suegra, y toda mi vida la dediqué a cuidar suegros, padres, e hijos y como único hobby llegué a tener el arañar la tierra para quitar cuatro tomates y cuatro almejas, mientras esperaba, día tras día, que mi hombre volviese a casa al menos un mes al año… y no se marease demasiado en tierra.
Hace seis años, cumplidos los cuarenta y tres, me diagnosticaron esta enfermedad y tuve una única necesidad: sentirme viva y a ser posible independiente. Pero poco a poco me di cuenta de que sin lo segundo lo primero no me parecía vida. Necesitaba tomar decisiones sobre como vivir el tiempo que me queda y no sentirme atada a nada, ni a nadie que me lo impida. No soportaba la idea de que “mi hombre” (en Galicia al marido se le llama meu home) siguiese junto a mí por responsabilidad o pena. Sólo acepto tener pareja porque me ame y le ame, lo otro en el mejor de los casos podría ser amistad, cariño, solidaridad, pero para eso se tienen otras relaciones y no a un marido. Pero además, el choque contra mi realidad fue tan brutal que cuestioné toda mi vida hasta ese momento, y me di cuenta que la no sabía si quería seguir con mi marido era yo…porque en realidad no quería seguir con casi nada de lo que había tenido hasta entonces. Supuestamente lo amaba mucho, vivía para él y nunca me había imaginado nada que hiciese tambalear nuestras cuatro paredes, y menos una enfermedad tan incapacitante.
Una noche, mientras me llamaba su amor y me juraba que siempre cuidaría de mí, sin saber por qué, salieron disparadas todas mis penas de mujer de marinero que cuida a su familia en tierra y se siente abandonada por su amor. Me juré a mi misma que no moriría sintiéndome así, porque la sensación que tenía desde hacía años era la de estar enganchada a un mal vicio, por mucho que el mundo me contará que era un pobre trabajador. Y en ese justo momento tuve la primera certeza de mi vida: seré libre y haré lo que quiera y pueda con mi vida.
Es curioso, la certeza me invadió de ganas como antes lo había hecho el enamoramiento.
Me apunté a cursos ofertados por el INEM de informática, otros de contabilidad, y de no se cuantas cosas más sin saber muy bien que quería hacer y, sobre todo, escuché una y mil veces eso de “a dónde piensas llegar contra la gran preparación que tiene ahora la gente joven y estando como estás tú”.
Mientras pude caminar, durante dos años, acudí a un montón de cursos sobre programas de ordenador: diseño gráfico, maquetación, animación, y todo aquello que ni sabía que me gustaba y que se daba cada vez mejor. Al año y medio ya había hecho no sé cuantas páginas web para los amigos y vecinos, y lo mejor de todo, había sorprendido a todo el mundo con mi creatividad desbordante. Resulta que yo era creativa y ni lo había imaginado…(gran carcajada)
El día de Navidad, cuando conté a mi familia y amigos que quería dar el salto empresarial empezaron a lloverme consejos.
“Todo el mundo hace páginas web, no vas a encontrar mercado” -dijo mi cuñado.
“Eso es muy difícil, te vas a desilusionar y va a ser peor para tu enfermedad,” -dijo mi madre.
“Esta bien que te entretengas, pero empeñarte en sacarle rendimiento económico te va frustrar mucho, mejor que te busques otra meta” - dijo mi marido.
“No le digáis eso a mamá, necesita mantener una ilusión, qué más os da” – dijo, sin creer en mí, mi hija mayor.
- ¡Joder!, dejarla en paz, es su vida y que haga con ella lo que le de la gana. Siento pena por todos vosotros porque no creéis en ella y eso significa que no la conocéis de nada. Mamá es capaz de cualquier cosa, incluso de seguir feliz si fracasa en el empeño. - dijo mi hija pequeña.

Fue mi mejor amiga la que buscó por Internet ayudas de la administración para empresas que querían empezar a venderse en la red, y la que me trajo la posibilidad de esas subvenciones. Así que empecé a llamar a empresarios locales (al de la serrería, al de las puertas de aluminio, al de las gaseosas, etc) para gestionar la subvención y cobrarles exactamente lo que les daba la Xunta.

-A ti te sale gratis y yo lo hago todo, qué más te da, o quieres quedarte fuera de Internet, que hoy en día es lo mismo que no existir”
Fai o que queras, me dijo alguno...(gran risa) Así empecé con la gente de por aquí. Como no tenían ni logo, pues hacía logos, como no tenían sobres ni tarjetas, pues imagen corporativa, y de boca en boca no paraba de sonar mi móvil. Así llegué hasta aquí, con seis empleados y mucha satisfacción. Además hay un montón de personas del pueblo que han encontrado trabajo en las empresas de mis clientes.

Fue la necesidad de hacer con mi vida “lo que YO PUEDA, no lo que A OTROS LES PAREZCA APROPIADO lo que me trajo hasta aqui”
¿Qué me esperaba si me hubiese dejado llevar por lo que era “lógico” y “razonable”? ¿Joderle la vida a mis hijas como me la jodieron a mí? ¿Morir desesperada por ver como se me escapa la vida sin haberme sentido a gusto conmigo?
Ya no quiero vivir así. Y hora ya ves… tengo una empresa, doy trabajo a la gente, ayudo a los demás a encontrarlo y lo paso bien. Ahora mismo dos de mis clientes necesitan un veterinario y un técnico de sonido y creo que ya se los encontré.

-No hay día que no llore por mí, Chusa. - me dice enjuagándose las lágrimas - Me muero de miedo y pena por tener que irme tan pronto, pero por primera vez me gusto y me gusta mi vida, y eso es impagable. Llega un momento que sólo te puedes agarrar a lo que eres y debes luchar por ser como tú deseas ser.

-¿Sigues con tu marido? Le pregunto acariciándome un pie.

-Sigue aquí, de vez en cuando, como siempre, un mes en tierra y una vida en el mar, pero ya no es mi marido, él ya lo sabe aunque se emperre en seguir diciendo que soy su mujer.
Ahora lo que tengo es un amante… por Internet. - Me suelta sonriendo del modo más coqueto que podáis imaginar.- Decían que me lo inventaba, nadie me quería creer, -sonríe- pero lo amo como nunca amé a nadie, como si fuese mi primera vez. Ya estuvo en casa, pero le dio un brote y no podrá volver hasta sabe dios…Ahora soñamos juntos con su vuelta, para poder irnos juntos también. No sé si será posible, porque yo ya le he puesto un límite a mis días…me he puesto un tope de incapacidad, tengo todo preparado ya... pero le estoy preparando otra cama junto a la mía y espero que tengamos algún tiempo para disfrutar de nuestra piel. ¡Ay cómo lo amo! y sonríe sin parar
- ¿Sabes, Chusa? Esta enfermedad no me priva de la conciencia ni de ningún otro sentido, y del que menos del tacto…
Ahí vuelven las niñas, ¡vámonos de aquí!

Lucía, su secretaria, y Marisiña, entraron en la habitación en la que recibe Lola. Marisiña viste de chándal rojo de terciopelo y atado sobre este un mandil de cocinar. Lleva el pelo corto peinado con mechones de punta rubios, castaños, y malvas.
- Ola Marisiña! senta por ahí. Lucía, ofrécelle un café. E qué non sei si non térei que contratarche de traductora de Francés.
- ¡Ay non sabes que alejría me das! E que estou hasta o cú de tanta casa… O que sexa Lola, que eu con andar a tua beira xa che son feliz…
- ¿Viches que guapiñas andan as rapazas de equí? -me dice Lola toda orugullosa- E que animamos a Rosa, a peluqueira, a que se reciclara…porque non lle iban as mozas a peinarse alí ,e agora andan todas que parecen abubillas.
-Loliña, dice Marisiña, a Rosa mandáchela ti a Barcelona , non te quites o mérito.

Suena el teléfono y es Rosa, la peluquera, para decirle que mañana toca tinte y manicura y que a qué hora le viene bien.
- Ay dios mío, no me despeino y ya me quieren peinar...se queja Lola hinchando el pecho como un pavo.Eso sí tengo unas uñas preciosas.

Su empresa tiene nombre de sueño increíble (no lo voy a revelar). Tiene seis trabajadores, incluida su hija pequeña. Fuera de sus amigos, vecinos y su familia, nadie sabe nada de su condición física. Todo lo hace por teléfono y por Internet.

-Lola, dime algo que te apetezca mucho y que yo te pueda traer…
-Traéte tú , no necesitas ninguna disculpa para volver…

Me fui de aquella casa sabiendo que no podría dejar de volver, claro que si. La semana pasada regresé a llevarle una compota de higos que me regaló otra increíble mujer. Esa tarde conocí a muchas personas de su familia, entre otras a su hija mayor, que “por culpa” de la enfermedad de su madre lleva tres años sin poder estudiar, ni trabajar, y mendigando amor a un novio agotado.
Lola le ha dicho al muchacho que cerca de Oporto un nuevo amigo suyo necesita un veterinario…

- Es que me da una pena este chaval… ¡dios mio, cuantas cosas hice mal! - me dice mirando a su hija.

Victor me cuenta que pasará con ella la Navidad, también me cuenta, con su permiso, el momento en que Lola tiene decidido parar:
el día que sus manos dejen de responder a sus órdenes, ella... las abandonará.



12 comentarios:

Eli dijo...

¡Ufffff! Tremenda mujer...

Qué preciosa entrada has recreado, Chusa, qué de sentimientos se han removido dentro de mí.
El terror de conocer la hora señalada suele impedir que la persona disfrute el tiempo que le resta. Y desgraciadamente es lo más frecuente.
Así fue para alguien muy especial para mí.
Me hubiera gustado haber sido de más ayuda, haber podido suavizar el trance, aliviar el dolor... pero el miedo mata más rápido que la enfermedad.

La Lola de tu relato es una mujer increible. Pudiera parecer una barbaridad, pero leyéndote he llegado a sentir cierta envidia de ella, de su lucidez, de su espíritu, y sí -también- de sus macetas.

Lenka dijo...

A mí no me suena descabellado para nada, Eli. Cómo no envidiar su fortaleza, sus ganas, su valor, su determinación, su lucha, su coquetería, su pasión...?? Lo terrible es cuántas veces perdemos todo eso sin motivos, a la menor dificultad. Eso me provoca no poca vergüenza.

Efectivamente, Chusa, Lola es frágil o está en un momento frágil, mejor dicho. Físicamente, porque emocionalmente es grandiosa a pesar de la dureza de su realidad. Una realidad que ha sabido embellecer y llenar de utilidad e ilusión. Hasta el punto de decidir hasta dónde. Puede que la enfermedad marque el ritmo de algún modo, pero es ella, Lola, la que decide cuándo terminará la función. Qué brava.

Y, en cambio, la hija mayor es débil. Es débil porque no se sobrepone, porque no sabe acompañar a su madre en esta nueva vida en la que hay enfermedad pero también talento, fuerza, tesón, sonrisas, disfrute de las cosas, una especie de renacimiento. No ha sabido rescatar lo bueno y paladearlo, no es capaz de estar a la altura. Es ella la que se lamenta y se siente desgraciada, hundida. Y claro, cómo no hundirse ante la inminente pérdida de una madre? Pero no, no, no puede uno rendirse. Cómo puede uno rendirse mientras el enfermo pelea? No, hay que acompañarle y quererle, y besarle, y sonreírle, y burlarse de la muerte incluso. Cómo no hacerlo cuando la propia enferma demuestra tal heroicidad, tal empuje, tal sabiduría? Lola parece de esas que lo ponen fácil. Su hija mayor no es culpable de su debilidad, claro, pero debería intentar sobreponerse de ella. Por su madre y por ella misma. Ya sé que decirlo es muy fácil, pero... debería intentarlo. Ojalá lo consiga.

Besos, Chusa!

Elvira Coderch dijo...

Impresionante la historia, la protagonista, y cómo lo cuentas, Chusa. Chapeau! Tendrías que publicar un libro con tus historias tan bien rumiadas y tan bien escritas. Besos

Sra de Zafón dijo...

Por aquí ando chicas, entrando y saliendo entre cabezada y cabezada y a punto de irme a la cama, así que si digo alguna tontería espero sepáis disculparme :-)

Lenka, una cosa que quería decirte tras la maravillosa entrada de tu blog es que para mí la fragilidad y la debilidad no lindan por el factor tiempo. No puedo apoyarme en las definiciones que la RAE da a debilidad y fragilidad, pero dentro de mi existe una frontera muy clara con la defino cada una de las dos cosas. Repito que la frontera es mía, y por ello probablemente equivocada, pero mi percepción sobre ellas está bastante definida.
Para mí frágiles somos todos en todos los momentos, sólo que habitualmente no somos conscientes de ello. Creo que si lo fuésemos le sacaríamos el jugo a la vida tal y como merecemos.
Ser consciente de la fragilidad y vivir y amar en libertad es de lo más grandioso y bravo.
Par mí la fragilidad nos viene dada desde fuera (enfermedades, accidentes, miserias) mientras que la debilidad la alimentamos nosotros co cada acto de cobardía.
Todos tenemos derecho a ser cobardes, todos tenemos derecho a no querer enfrentarnos al dolor y al esfuerzo, todos, pero lo peor de agarrarnos a ello es que normalmente hacemos mucho daño a quienes más nos quieren.

Entiendo perfectamente a la hija mayor de Lola, se siente impotente ante la enfermedad de su madre, y se niega a aceptar que incluso en las peores condiciones una puede pretender ser libre y lo que es peor: conseguirlo, pero creo que también le sirve de disculpa para exigir que la quieran como ella desearía...y a esto ya tendría que buscarle otro nombre, quizás.

Eli, mi cuerpo se paraliza hasta el desmayo en los hospitales cuando entro en una habitación y hay demasiadas bolsas y demasiados cables...por más que lo intente, supongo que no será tu caso :-)
A todos nos queda esa sensación de haber querido y podido hacer más cuando alguien a quien queremos tanto le cuñan en la frente la fecha de caducidad.
Te conozco muy poquito, pero ese poquito me dice que eres genial.

Elvira, gracias por tu reconocimiento hacia mis historias.
Un abrazo a las tres.

Kaken dijo...

Chusa, disculpa que no comente tu increíble entrada (ya quisiera yo escribir así), pero voy contra-reloj visitando blogs-casas para felicitaros...
Felices Fiestas, Chusa, en tu verde y con niños, con amigos y amores, con letras y distancia...

Te deseo lo mejor

Un bes¡

Juan dijo...

Chusa: precioso, encantadora la protagonista, aunténticamente maravillosa. Da para mucho más y ya lo comentaré largo y tendido.

Hoy sólo deseo lo mejor para tí, para los tuyos y para Lola.

Un abrazo

CuanMarce dijo...

Con poco tiempo para comentar solo desearte unas felices fiestas

Katha dijo...

Hola,

No puedo leer ahora la historia que nos regalas. En cuanto pueda lo hago.

Solo desearte Felices Fiestas junto a los tuyos.

Besos

Luciano Guevara dijo...

Sra de Zafón, no recuerdo cuál ha sido el camino que me trajo hasta estas praderas, pero ahora se que el motivo de encaminarme en este rumbo ha sido el gran imán de historias. Estoy agradecido a la manecilla de mi brujula que sin oponer resistencia a tal magnetismo ha marcado los pasos a seguir. Es bellisimo el mundo que nos compartes, gracias por abrirnos la tranquera de estas praderas y permitirnos relajarnos. Tus palabras hacen viajar lejos lejos dentro de uno.
felices fiestas, te deseo desde Argentina. Y desde aquí quisiera amablemente compartirte mi pasión: historiasycaminos.blogspot.com

todo lo mejor en este 2009 y salud!

Alberich dijo...

Gracias de nuevo Chusa.
Lo único que se me ocurre entre la espesura mental que me embarga es dedicarte una sonrisa
:)

Katha dijo...

María Jesús,

Me siguen pareciendo increíbles estas historias tuyas, estas personas que conoces y confían en ti para contarte sus cosas, sus secretos. Eso dice mucho de la persona que eres tú, de las confianzas que les da tu presencia.

Me alegra que esta mujer haya podido vivir la vida intensamente, aunque haya sido un poco tarde, aunque haya habido una enfermedad terrible de por medio. Me da pena que haya vivido una vida triste, porque le tocaba, porque era lo que se esperaba de ella. La enfermedad actuó de revulsivo en su vida. Otra se hubiera sumido en un mar de lágrimas, en la pena por su desgracia. Ella decidió vivir, luchar y seguir adelante hasta el último momento. Creo que actitudes así son las que deberíamos tener como ejemplo.

Yo me temo que no soy una heroína como tu Lola, lo que más me asusta es la enfermedad.

Muchos besos en espera de tu siguiente historia.

Besos

Anónimo dijo...

Escribes muy bien y sabes de sobra que no me sorprende nada , pero de lo que no pareces enterarte es de la suerte que tengo al poder ver el mundo a través de tus ojos.